Luis Manuel Hoyos, y
David Salamanca.
El 8 y 9 de abril del
2011 se desarrolló en Barrancabermeja un foro organizado por
Ecopetrol y la Fundación Alma. El objetivo era sentar en una misma
mesa a los lideres de las asociaciones de pescadores y a las
instituciones Estatales para que discutieran sobre la crisis que
atraviesa el rio Magdalena y la pesca artesanal, y para que se
avanzara hacia la concertación de un plan de ordenamiento
territorial para la recuperación de los humedales y de la totalidad
del ecosistema de la cuenca del Magdalena-Cauca. El evento que
pretendía ser un dialogo fue un monologo, porque solo habló el
Estado a través de una interminable pasarela de funcionarios a
quienes poco o nada les interesaba el punto de vista de quienes
conviven con el rio. Hubo delegados del gobierno, del Min-ambiente,
del Min-agricultura, del Incoder,
Cormagdalena, Ideam
y del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, entre otros.
Fue ilustrativa la
conducta del delegado del Departamento Nacional de Planeación que
llegó minutos antes de su intervención y explicó que para el Dnp
era importantísimo escuchar las voces de todos aquellos
comprometidos con el Río, con vistas a elaborar un documento Conpes
incluyente. Sin embargo al finalizar su presentación recogió
la maleta con que se bajó del avión e inmediatamente abandonó el
recinto. El turno de los pescadores para hablar no llegó sino al
final, y solo sirvió para quejarse de que nuevamente los habían
dejado mirándose la cara entre ellos.
El libreto que repitieron
los funcionarios fue señalar insistentemente que los responsables de
la degradación de la cuenca eran los campesinos y los pescadores que
trabajan en las riberas, porque usan prácticas de pesca nocivas e
ilegales, tales como la violación de los periodos de veda y el
trasmallo ¡Como si la crisis no fuera el producto de un fenómeno
complejo que no se agota con echarle el agua sucia a quienes reciben
los mayores impactos de la problemática! Las comunidades de
pescadores artesanales son poblaciones caracterizadas por la pobreza
y la inseguridad alimentaria. En su situación se enfrentan a un
conjunto de sin salidas como la sobreexplotación de los recursos, la
degradación ambiental de su entorno y la ausencia de alternativas de
trabajo que reduzcan el impacto que ellos generan. Además, si bien
estas comunidades han sido actores directos en el deterioro ambiental
y el agotamiento de los recursos pesqueros no son los únicos, ni
mayores responsables de esta situación.
El juicio que ha llevado
a las comunidades de pescadores a cambiar sus mecanismos por otros
más dañinos y extractivos, esta sujeta a las mismas lógicas en que
operan las empresas transnacionales a las que los gobiernos han
entregado el país. Han prometido un falso desarrollo que no se
refleja en las realidades que viven las comunidades y en cambio han
enseñado un uso irracional de los
recursos naturales, y la voraz competencia con sus vecinos. Es el
estilo de los mecanismos extractivos del gran capital, como la
megaminería, que compite y desplaza a los pobladores, extrae y
destruye la naturaleza hasta hacerla irreconocible, y la convierte en
mercancías que generan acumulación capitalista. Es
imposible que al tiempo coexistan el capitalismo y la sustentabilidad
del ambiente (entendida como salud
del planeta). No pueden
cohabitar en un mismo espacio porque la motivación del capitalismo
es la acumulación de las ganancias. Esto es, anteponer el beneficio
económico sobre el uso mesurado y consciente de la naturaleza
(O'Connor; 2003). No es posible crear estrategias que piensen en la
conservación del ambiente, si al mismo tiempo se espera que el uso
de los recursos naturales sirva para enriquecerse enormemente. Queda
planteada esta contradicción: si se acumula capital el planeta
muere, y si no se acumula el capitalismo muere (Marx; 1973). Esta es
la encrucijada de la cual solo se puede elegir una sola opción.
Los
funcionarios Estatales que solo señalan la responsabilidad de
campesinos y pescadores mienten desvergonzadamente o desconocen los
mismos estudios elaborados para el MinAgricultura. En ellos se señala
que el deterioro de la cuenca ha sido producto de un incremento del
66% de la erosión y de la perdida del 40% de la capa vegetal, así
como de un agresivo proceso de secamiento de ciénagas para ser
incorporadas a actividades agropecuarias. Secundariamente aunque no
sin importancia, se cuenta que el rio recibe las aguas residuales de
las principales ciudades, y ahí si, el uso de prácticas nocivas de
pesca (Corporación Colombia Internacional, 2006; y Restrepo, 2005).
En esa medida se puede decir que la problemática ambiental es
consecuencia del alto grado de alteraciones de los ecosistemas y
hábitats naturales producido por factores como la deforestación, el
cambio del uso del suelo y la expansión de la frontera agrícola
(Rodríguez & Armenteras;
2005) estimuladas por ganaderos y terratenientes. Por la minería y
en especial la megaminería sin verdaderos controles ambientales. Y
por el incremento de la urbanización y los vertidos industriales y
domésticos que estos generan. El efecto de estos factores es la
aceleración de los procesos de sedimentación, que desencadena una
serie de procesos a nivel ecosistémico alterando variables físicas
y químicas, así como la diversidad de las comunidades biológicas
presentes (Mazzeo et al. 2002). El aumento de las tasas de
sedimentación facilita el enturbiamiento de las aguas, proliferando
la producción de fitoplancton que entra a competir con los peces por
el oxígeno disuelto en la columna de agua, ocasionando mortandades
por la carencia de oxígeno y por el incremento en la concentración
de amonio de la descomposición de la materia orgánica.
Estudios
realizados por el Ideam
para el ordenamiento territorial de la cuenca Magdalena-Cauca,
indican que para el periodo 1975- 1996 el 68% del área de la cuenca
evidencia tendencias ascendentes en el transporte de sedimentos,
demostrando que el modelo económico adoptado por los gobiernos
nacionales de las últimas tres décadas es responsable de los
procesos erosivos que afectan las dinámicas hidrobiológicas.
Durante este periodo la cobertura boscosa de la cuenca pasó de 11.6
millones de hectáreas a 6.02 millones, es decir casi a la mitad.
Obsérvese que en la década de los noventa apenas comenzaba el
segundo boom minero de extracción de carbón a cielo abierto en el
país, que desde entonces hasta la actualidad ha incrementado su
producción en casi 20 veces (Restrepo, 2005).
Continuando
con la interpretación de los estudios del Ideam,
entre las décadas de los años 80 y 90 se duplicó el área para la
agricultura y la ganadería, se impulsó una rápida migración de la
población rural a la ciudades y se aplastó cualquier intento de
reforma agraria con el fin de dejar en manos de los latifundistas el
“desarrollo”
del campo, indicando que el Estado debía dirigir sus acciones a
impulsar una agricultura de exportación basada en la producción a
gran escala.
Esta
presión sobre los bosques ha traído la perdida de millones de
hectáreas de cobertura vegetal, en especial los ecosistemas de
bosque seco, subandino y humedales. Los bosques secos son los
ecosistemas con mayor impacto en Colombia, debido a la fertilidad de
sus suelos ha sido reducidos a pequeños remanentes en la actualidad.
Los bosques subandinos son de vital importancia por su rol de
reguladores de las cuencas hidrográficas que surten los acueductos
de pequeñas y grandes ciudades. Por su parte la problemática de los
humedales, que son los amortiguadores de las variaciones de los
ciclos hidrológicos y sedimentación de los ríos, no es para nada
alentadora. Se han visto seriamente afectados por obras de drenaje y
relleno a causa de la urbanización, la expansión de la frontera
agropecuaria y el voraz desarrollo de la actividad minera a gran
escala en la zona media y baja de la cuenca. Las consecuencias de
este deterioro se observaron durante los años 2008 y 2010, cuando
regímenes de lluvias que no fueron mayores que los anteriores,
dejaron estragos por inundaciones a lo largo del país, en lo que se
llamó la ola invernal.
Reiteradamente el
Presidente de la República, Juan Manuel Santos, ha declarado que la
idea es que el Río sea convertido en la autopista de
Colombia, tarea que exigirá el dragado del Río y un mayor
incremento de su sedimentación ¡Para Santos rescatar el Río es
disponerlo como banda transportadora de mercancías! Idea que
celebran las petroleras y transnacionales mineras y para lo cual el
gobierno ya anunció 600 mil millones de pesos. Por otro lado, es la
recuperación ecológica y social de la cuenca lo que le interesa a
los pescadores aglutinados en el Sistema de Recuperación de la Pesca
Artesanal y los Humedales de Magdalena Medio (Sirephamm).
Entonces ¿Quiénes son
los responsables de la crisis del Río? A las comunidades de
pescadores y campesino sería necesario tratarlas como a víctimas de
las prácticas nocivas del gran capital, de los terratenientes, de la
industria, de la toxica megaminería y de los malos gobiernos. Son
poblaciones que es necesario proteger junto a las especies nativas de
las que sobreviven, pues son empujados a resistir sobreexplotando los
recursos que tienen a la mano. El Estado durante décadas abandonó
el Río. Este fue abrazado por los pescadores como espacio de lo
común, como esa fábrica ecológica donde se produce y se reproduce
ampliamente la vida. Hoy el Estado bajo la figura de propiedad
pública ha pretendido expropiar y subyugar al Río, solo para
traicionarlo, envenenarlo y entregarlo a la acumulación privada. Por
eso es necesario que los pescadores, y lo que podemos llamar el
trabajador social: o sea, todos los que contribuimos al trabajo
intelectual o material en la sociedad (Negri, 1992), nos dispongamos
a defender y recuperar al Río como bien común ¡como lugar de vida!
más allá incluso, de lo público.
BIBLIOGRAFIA
Corporación
Colombia Internacional. 2006. Pesca y Acuicultura Colombia
2006. Ministerio de Agricultura - Incoder.
Bogotá.
Marx,
Karl. 1973. El Capital, tomo III. Fondo de Cultura Económica,
México.
Mazzeo,
Nestor; et al. 2002. Perfil Ambiental de Uruguay. Eutrofización:
causas, consecuencias y manejo. Editorial Nordan – Comunidad.
Negri,
Antonio. 1992. Fin de siglo. Ediciones Paidos Ibérica.
España.
O´Connor,
James. 2003. ¿Es posible el capitalismo sostenible?.En:
Alimonda, Hector (Comp.). 2003. Ecología política: Naturaleza,
sociedad y utopía. CLACSO, Buenos Aires.
Restrepo
Ángel, Juan. 2005. Los sedimentos del Río Magdalena: reflejo de
la crisis ambiental. Fondo editorial Universidad EAFIT.
Rodríguez,
Nelly & Armenteras,
Dolors. Ecosistemas naturales de la cuenca del rio magdalena.
En: Restrepo Ángel, Juan (editor). 2005. Los sedimentos del Río
Magdalena: reflejo de la crisis ambiental. FE Unv. EAFIT.